Índice de contenidos
- 1 🌱 Ayuda Efectiva: una forma diferente de entender las donaciones
- 2 📊 GiveWell: intentar descubrir dónde funciona mejor nuestro dinero
- 3 💰 ¿A dónde va actualmente el dinero?
- 4 🎯 Donación efectiva: ¿realmente importa dónde donamos?
- 5 🧾 Y además, Hacienda también pone de su parte
- 6 🙋 ¿Qué voy a hacer yo?
- 7 🤝 Cómo donar a través de Ayuda Efectiva
- 8 🎙️ Versión podcast
Hoy vamos a cambiar un poco el rumbo y no vamos a hablar de inversión de la manera en que solemos hacerlo. Esta vez quiero hablar de donación efectiva y de cómo podemos intentar conseguir el mayor impacto posible con nuestro dinero.
Hace unos días, un poco sin venir a cuento, me vino una idea a la cabeza. Si mi objetivo es alcanzar la libertad financiera manteniendo el nivel de vida que tengo, ¿por qué no añadir un pequeño gasto más y destinarlo a alguna asociación benéfica?
Para quien no conozca mi situación, en mi plan para alcanzar la libertad financiera explico cómo estoy planteando conseguir ese objetivo y cuál es mi estrategia para llegar hasta él. En esta otra entrada explico con más detalle cuáles son mis gastos anuales y cómo he calculado el nivel de ingresos que necesito para mantener mi estilo de vida.
Pero esta vez quería plantearme algo diferente: si algún día consigo alcanzar esa libertad financiera, ¿por qué no reservar también una pequeña cantidad para ayudar a otras personas?
La verdad es que la idea de donar ya me había rondado la cabeza en varias ocasiones. Pensaba en ello, me decía que algún día debería empezar a hacerlo y, al final, nunca me ponía demasiado en serio con el tema. Pasaban los días, aparecía alguna otra cosa en la que pensar y acababa olvidándome de ello. Pero esta vez decidí tomármelo un poco más en serio y empezar a indagar.
Además, si no tengo demasiados reparos, por ejemplo, en invertir en empresas tabacaleras, ¿no tendría sentido destinar también una pequeña parte de mi dinero a algo que pueda tener un impacto positivo?
La idea se quedó dando vueltas en mi cabeza. Así que, una vez tuve claro que quería empezar a donar una pequeña cantidad todos los meses, me puse a investigar qué opciones tenía. Podía destinar ese dinero a investigación, educación, cultura, medio ambiente, ayudar a personas con pocos recursos… Había muchas posibilidades y, en realidad, cualquiera de ellas podía parecer una buena opción.
Pero tenía una cosa bastante clara: al tratarse de una cantidad relativamente pequeña, quería intentar que ese dinero consiguiera el mayor impacto posible. Por supuesto, esto es algo completamente personal. Cada uno tiene sus propias preferencias y está emocionalmente más vinculado a unas causas que a otras: la pobreza en África, los animales, el cambio climático, la investigación médica… Y, desde mi punto de vista, cualquier persona que decide donar parte de su dinero ya está haciendo algo positivo, independientemente de la cantidad o de la causa que elija.
En mi caso, sin embargo, quería ir un paso más allá y hacerme una pregunta muy sencilla: si tengo 100 o 200 euros para donar, ¿dónde pueden ser más útiles? Buscando respuestas a esa pregunta me topé con una entrevista a Pablo Melchor, fundador de Ayuda Efectiva. Reconozco que su manera de explicar el problema y, sobre todo, su filosofía a la hora de entender la filantropía me cautivaron desde el primer momento. No se trataba simplemente de buscar una organización que hiciera cosas buenas, sino de intentar averiguar dónde nuestro dinero podía conseguir mejores resultados.
Si queréis conocer un poco mejor a Pablo y entender directamente de él esta forma de plantear la filantropía, os recomiendo esta entrevista. Fue precisamente una de las que me hizo interesarme por el tema y, además, tiene una pequeña coincidencia que me hizo especial gracia: la entrevista la realizó Indexa Capital, la plataforma que utilizo habitualmente para invertir en un EPSV.
Cuanto más he conocido las ideas de Pablo y cuanto más he investigado sobre Ayuda Efectiva, más sentido tenía para mí aplicar a las donaciones una lógica que ya utilizo habitualmente cuando invierto: intentar sacar el máximo partido posible al dinero del que dispongo. Solo que, en este caso, el objetivo era diferente. No buscaba obtener una rentabilidad económica, sino maximizar el impacto de cada euro y, de alguna manera, obtener otro tipo de retorno: la satisfacción de saber que una pequeña parte de mi dinero está contribuyendo a mejorar la vida de otras personas.
🌱 Ayuda Efectiva: una forma diferente de entender las donaciones
Ayuda Efectiva es una fundación española que nace con una idea bastante sencilla: intentar conseguir el mayor impacto posible con cada euro donado. Pero hay una peculiaridad que me parece especialmente interesante: Ayuda Efectiva no te pide dinero simplemente para Ayuda Efectiva. Te ofrece la posibilidad de financiar directamente proyectos concretos o, si lo prefieres, dejar que sean ellos quienes decidan dónde puede conseguirse un mayor impacto.
Puede parecer una diferencia pequeña, pero conceptualmente me parece bastante importante. Cuando pensamos en una ONG, normalmente imaginamos que donamos dinero a esa organización y que posteriormente ella decide cómo utilizarlo para desarrollar sus proyectos. Aquí el planteamiento es algo diferente: el objetivo es identificar qué intervenciones consiguen mejores resultados y canalizar las donaciones hacia ellas. Ayuda Efectiva ofrece diferentes formas de donar: podemos elegir un proyecto concreto que nos interese o, si lo que buscamos es simplemente conseguir el mayor impacto posible con nuestro dinero, confiar en su criterio y destinar nuestra donación al Fondo Salud Global, que actualmente consideran su opción más efectiva.
Es decir, no se trata tanto de pensar “quiero donar a Ayuda Efectiva porque me gusta Ayuda Efectiva”, sino más bien: “quiero que mi dinero financie las intervenciones que más impacto consiguen, y Ayuda Efectiva me ayuda a encontrar y financiar esas oportunidades”.
Y para hacer esto se apoyan principalmente en el trabajo de GiveWell, una organización independiente y sin ánimo de lucro que se dedica precisamente a investigar dónde las donaciones pueden conseguir un mayor impacto.
Todo lo anterior es, en realidad, una explicación bastante resumida de cómo funciona Ayuda Efectiva y de su filosofía. En su página web podéis encontrar mucha más información sobre los diferentes proyectos, los criterios que utilizan para seleccionarlos, los estudios en los que se basan y cómo se gestionan las donaciones. Si os interesa profundizar en el tema, os recomiendo echar un vistazo a su web, donde explican todo esto con mucho más detalle.

📊 GiveWell: intentar descubrir dónde funciona mejor nuestro dinero
Aquí está, probablemente, una de las partes que más me llamó la atención. GiveWell no se limita a decir qué organizaciones parecen buenas o cuáles tienen una buena reputación. Su trabajo consiste en investigar de forma continua qué intervenciones funcionan realmente y cuáles consiguen mejores resultados teniendo en cuenta los recursos que necesitan.
Para ello analiza estudios académicos, investigaciones científicas, datos sobre el terreno y resultados de diferentes programas. La idea es acumular evidencia suficiente como para identificar aquellas intervenciones que presentan una relación especialmente favorable entre coste e impacto.
Y esto es importante porque no basta con que una iniciativa tenga sentido sobre el papel. Lo que interesa es tener evidencia de que realmente funciona.
Además, me gusta especialmente que este sistema no obligue a mantener para siempre las mismas prioridades. Si con el tiempo aparecen nuevos estudios que muestran que otro programa consigue mejores resultados, tiene sentido cambiar el destino del dinero. No hay ninguna razón para seguir financiando una intervención simplemente porque llevemos años haciéndolo si ahora sabemos que existe una alternativa capaz de conseguir más impacto.
Es una forma de pensar que, personalmente, me resulta muy familiar. Si invierto en una empresa porque creo que es la mejor oportunidad que tengo y dentro de unos años encuentro otra que considero mucho más atractiva, no voy a seguir invirtiendo en la primera simplemente porque ya llevaba años haciéndolo. Reviso la información disponible y tomo una nueva decisión. Con las donaciones puede ocurrir exactamente lo mismo: la cartera de proyectos puede cambiar.
💰 ¿A dónde va actualmente el dinero?
Si donamos al Fondo Salud Global, que actualmente es la opción que Ayuda Efectiva considera más efectiva para maximizar el impacto de nuestras donaciones, nuestro dinero se destina a diferentes intervenciones seleccionadas precisamente por su efectividad. A día de hoy, de manera aproximada, el dinero del fondo se reparte en cuatro grandes bloques: un 25 % para comprar mosquiteras y prevenir la malaria, otro 25 % para prevenir la malaria mediante otras intervenciones, otro 25 % para suministrar vitamina A a niños en países donde existe carencia y ayudar a prevenir la ceguera y la mortalidad infantil, y el 25 % restante para incentivar la vacunación infantil.

Pero esto no significa que vaya a ser así para siempre, y precisamente esta es una de las cosas que más me gustan del sistema. Si dentro de cinco años GiveWell descubre, gracias a nuevos estudios y evidencias, que existe una organización o un programa capaz de conseguir un impacto mucho mayor con cada euro, el destino de las donaciones puede cambiar.
Quizá dentro de unos años la malaria siga siendo una de las intervenciones más efectivas. O quizá aparezca otra oportunidad todavía mejor. Puede que se descubra que una determinada intervención relacionada con nutrición, salud materna, enfermedades infecciosas o cualquier otro ámbito consigue resultados extraordinarios.
El objetivo no es defender una causa concreta. El objetivo es encontrar dónde podemos conseguir más impacto.
Por eso, para mí, GiveWell funciona un poco como un sistema de análisis y selección de inversiones. No quiero decidir hoy que durante los próximos 30 años mi dinero irá siempre al mismo sitio. Quiero que, a medida que tengamos más información, el dinero pueda dirigirse hacia donde se considere que puede hacer más bien.
En otras palabras, GiveWell intenta ser el “analista” que nos ayuda a decidir dónde colocar nuestro dinero para conseguir el máximo impacto posible, mientras que Ayuda Efectiva canaliza las donaciones hacia esas oportunidades.
🎯 Donación efectiva: ¿realmente importa dónde donamos?
A priori, uno podría pensar que si queremos ayudar, lo importante es simplemente donar. Y, por supuesto, donar es mejor que no donar. Pero imaginemos que tenemos 100 euros y podemos elegir entre dos programas: el primero consigue mejorar significativamente la vida de 100 personas y el segundo consigue un resultado similar en 1.000. En ambos casos hemos hecho algo bueno, pero en el segundo hemos conseguido diez veces más impacto con exactamente el mismo dinero.
Ese es precisamente el concepto de coste-efectividad que está detrás de este enfoque. No estamos hablando necesariamente de que una opción sea buena y otra mala. Las dos pueden estar haciendo algo positivo. La cuestión es mucho más sencilla: ¿cuánto bien conseguimos con los recursos que tenemos?
Y es algo que, personalmente, me hizo pensar bastante. Porque muchas veces creemos que estamos donando de una manera bastante racional: escogemos una ONG conocida, vemos que tiene una buena reputación, que publica sus cuentas, que trabaja sobre un problema que nos preocupa… y pensamos que nuestro dinero está bien empleado. Pero todo eso responde a preguntas diferentes. Que una ONG sea transparente no significa necesariamente que sus programas sean especialmente efectivos. Que tenga miles de beneficiarios tampoco nos dice demasiado. Lo importante no es únicamente a cuántas personas llega, sino qué consigue con ellas.
Y aquí aparece un concepto que me parece especialmente importante: el coste de oportunidad. Si tengo 100 euros para donar, cada euro que destino a un proyecto es un euro que ya no puedo destinar a otro. Es exactamente el mismo concepto que utilizamos al invertir: si pongo mi dinero en una inversión, dejo de tener ese dinero disponible para otra. Con las donaciones ocurre exactamente lo mismo. Por tanto, elegir un programa poco efectivo no significa únicamente conseguir poco impacto; significa también renunciar al impacto que podríamos haber conseguido en otro lugar.
Y aquí es donde creo que los ejemplos que explica Pablo Melchor resultan especialmente interesantes, porque algunos de ellos van directamente en contra de nuestras intuiciones.
El ejemplo de la desparasitación
Uno de los ejemplos que comenta Pablo es el de la desparasitación de niños, y me parece especialmente interesante porque va en contra de algunos de los grandes tópicos que tenemos cuando pensamos en ayuda humanitaria.
Uno de los más conocidos es aquel de: “No le des un pescado a un hombre, enséñale a pescar.” La idea parece bastante lógica. En lugar de solucionar un problema de manera puntual, lo mejor sería proporcionar las herramientas y los conocimientos necesarios para que esa persona pueda salir adelante por sí misma.
Aplicado a la cooperación internacional, esto nos lleva fácilmente a pensar que invertir en educación es una de las mejores cosas que podemos hacer: mejorar los colegios, formar a los profesores, proporcionar mejores materiales, reducir el número de alumnos por clase… Todo parece tener sentido.
El problema es que una cosa es que algo tenga sentido sobre el papel y otra muy diferente que funcione realmente cuando lo llevamos al terreno.
Pablo pone como ejemplo programas que trataban de mejorar la educación en India mediante la formación de profesores. Se capacitó a miles de profesores con la intención de mejorar la calidad de la enseñanza. El problema era que en algunas zonas de la India existía un nivel elevado de absentismo entre los propios profesores.
Es decir, podemos dedicar muchísimo dinero a formar a los profesores, mejorar sus conocimientos y preparar mejores programas educativos, pero si después los profesores no acuden a clase, todo ese esfuerzo tendrá un impacto mucho menor del esperado.
Y aquí aparece una idea que me parece fundamental: no podemos medir el éxito de una donación por lo que hacemos, sino por lo que conseguimos.
Podemos decir que hemos formado a 10.000 profesores, que hemos enviado millones de libros o que hemos construido cientos de colegios. Todos esos datos suenan muy bien y nos hacen sentir que estamos consiguiendo algo. Pero la pregunta importante es otra: ¿qué ha cambiado realmente gracias a todo eso?
Precisamente por eso resulta tan interesante el caso que se estudió en Kenia. Se hicieron mediciones para intentar averiguar qué intervenciones conseguían realmente mejorar el aprendizaje de los niños. Se probaron diferentes alternativas: mejorar la formación de los profesores, introducir mejores materiales educativos, reducir el número de alumnos por profesor…
Y los resultados fueron bastante contraintuitivos. Muchas de esas medidas, que intuitivamente nos parecen buenas ideas, no conseguían mejoras significativas en los resultados educativos.
Sin embargo, había una intervención muchísimo más sencilla y barata que sí mostraba resultados: desparasitar a los niños.
Una pastilla puede costar muy poco por niño y, según los estudios a los que hace referencia Pablo, los niños que recibían el tratamiento presentaban mejores resultados a largo plazo que los que no lo recibían.
¿Y por qué algo tan aparentemente alejado de la educación puede tener un impacto tan grande en ella? La explicación es bastante sencilla. Los niños que tienen parásitos intestinales pueden enfermar con más frecuencia, faltar más a clase y tener mayores dificultades para concentrarse. Además, algunos parásitos pueden contribuir a problemas nutricionales que afectan a su desarrollo y capacidad de aprendizaje.
Por tanto, si queremos mejorar la educación de esos niños, quizá el primer paso no sea mejorar al profesor, comprar más libros o reducir el número de alumnos por clase. Quizá sea conseguir que el niño esté sano y pueda acudir y prestar atención en clase.
Y aquí es donde la historia se vuelve especialmente interesante. Podemos dedicar enormes cantidades de dinero a enviar libros, formar profesores o mejorar infraestructuras educativas, y probablemente muchas de esas iniciativas se hagan con la mejor de las intenciones. Pero si otra intervención mucho más sencilla y barata consigue un resultado muy superior, aparece de nuevo el concepto de coste de oportunidad.
Si tenemos un millón de euros para ayudar, ¿queremos gastarlo en una intervención que creemos que debería funcionar porque tiene sentido sobre el papel, o queremos intentar descubrir cuál consigue realmente el mayor impacto cuando medimos sus resultados?
Esta diferencia es, para mí, una de las claves de la filosofía de Ayuda Efectiva.
¿Y qué pasa con las vacunas?
Otro caso que comenta Pablo tiene que ver con la vacunación infantil. En muchos lugares de África existen enfermedades que pueden prevenirse con vacunas relativamente sencillas y que, sin embargo, siguen provocando muertes entre niños.
A primera vista, podríamos pensar que el problema es bastante evidente: “faltan vacunas”. Por tanto, parece lógico que si queremos ayudar, deberíamos donar dinero para comprar más dosis y conseguir que haya vacunas disponibles para todos.
Otra posibilidad que también parece bastante razonable sería intentar convencer a las madres de la importancia de vacunar a sus hijos. Quizá pensemos que algunas personas no los llevan a vacunar porque desconocen los beneficios de las vacunas, tienen miedo o simplemente no están suficientemente concienciadas.
Pero, de nuevo, nuestra intuición puede llevarnos a buscar una solución equivocada.
Cuando se estudiaron las causas de por qué algunos niños no estaban siendo vacunados, se descubrió algo mucho más sencillo. En determinados lugares, muchas familias viven prácticamente al día. Para una madre que necesita acudir cada día a trabajar, vender productos o realizar labores agrícolas para conseguir la comida de ese mismo día, llevar a su hijo a vacunar puede suponer perder una jornada de trabajo.
Desde nuestra perspectiva, puede parecer extraño que alguien no lleve a su hijo a vacunarse por algo así. Pero si la alternativa es conseguir comida hoy o realizar una actividad cuyo beneficio se verá dentro de meses o años, la decisión puede ser mucho más comprensible cuando conocemos las circunstancias.
Y aquí es donde aparece lo realmente interesante. En lugar de intentar convencer a las madres con campañas de concienciación o limitarse a aumentar el número de vacunas disponibles, se probó algo mucho más sencillo: dar un pequeño incentivo a las madres que llevasen a sus hijos a vacunarse.
En uno de los experimentos se entregaban alimentos como incentivo. Algo tan sencillo como una pequeña cantidad de lentejas podía ser suficiente para que la vacunación aumentase de manera muy significativa.
¿Por qué? Porque para una familia que vive al día, esa pequeña ayuda podía compensar el coste de oportunidad de dedicar parte de su jornada a llevar al niño a vacunarse.
Desde fuera puede parecer una solución demasiado simple. Pero precisamente ahí está la lección: no siempre necesitamos soluciones enormes para conseguir grandes resultados. A veces necesitamos descubrir cuál es realmente el obstáculo que impide que algo funcione.
Podemos pensar que el problema es la falta de vacunas. Podemos pensar que el problema es la falta de información. Podemos pensar que el problema es que las madres no valoran suficientemente la importancia de vacunar a sus hijos. Y quizá ninguna de esas sea la principal razón.
Quizá simplemente llevar al niño a vacunarse tiene un coste para esa familia que nosotros no estamos teniendo en cuenta. Y si conseguimos eliminar ese pequeño obstáculo con un incentivo muy barato, el resultado puede ser enorme.
Para mí, este ejemplo resume perfectamente lo que intenta conseguir la filosofía de la donación efectiva: no quedarnos con lo que creemos que debería funcionar, sino averiguar qué funciona realmente.
La historia de Pablo y su padre
Y, finalmente, hay una reflexión personal de Pablo Melchor que me llamó especialmente la atención y que creo que resume perfectamente la filosofía que hay detrás de Ayuda Efectiva:
“En mi caso, mi padre murió de melanoma, y yo pensaba que en mi caso el melanoma me importa mucho y también la investigación del melanoma. Pero, tras estos años de reflexión, me di cuenta de que a mí el melanoma me da igual. A mí lo que me importaba era el sufrimiento de perder a mi padre. Y el sufrimiento de perder a un padre ocurre igual con melanoma, con sida, con hambre, en una guerra o con cualquier enfermedad. La enfermedad es casi una anécdota dentro de esa historia de sufrimiento.
Y puestos a aliviar sufrimiento, parece lógico pensar que cuanto más, mejor. ¿Dónde puedo hacerlo? Esa es la pregunta que me mueve y mueve Ayuda Efectiva. ¿Cómo, con mis recursos, aliviamos la mayor cantidad de sufrimiento posible? Da igual dónde en el mundo y da igual cuál es la causa. Lo que importa es la efectividad.”
Creo que esta reflexión explica muy bien el enfoque de Ayuda Efectiva. No se trata necesariamente de decidir qué causa nos emociona más o cuál sentimos más cercana, sino de intentar responder a una pregunta mucho más difícil:
¿Dónde puede conseguir nuestro dinero el mayor impacto posible?
🧾 Y además, Hacienda también pone de su parte
Hay otro aspecto que me parece interesante y que hace que donar sea todavía más atractivo: las ventajas fiscales. Cuando hacemos una donación a una entidad que cumple los requisitos establecidos por Hacienda, podemos recuperar una parte importante del dinero a través de la declaración de la renta. Es decir, los euros que salen de nuestro bolsillo no tienen por qué coincidir con el coste real que supone para nosotros la donación.
En el régimen fiscal estatal, por ejemplo, actualmente podemos deducirnos el 80 % de los primeros 250 euros donados y el 40 % de lo que exceda de esa cantidad. Esto hace que el ejemplo sea bastante llamativo: si una persona dona 250 euros al año, puede recuperar 200 euros en su declaración de la renta. En la práctica, la organización ha recibido 250 euros, pero el coste final para el donante habrá sido de tan solo 50 euros. Dicho de otra manera, por unos 4,17 euros al mes de nuestro bolsillo podemos conseguir que una organización disponga de 250 euros al año para sus proyectos. Los otros 200 euros los estamos recuperando posteriormente vía Hacienda.
Y esto me parece especialmente interesante cuando hablamos de donaciones pequeñas. Quizá alguien piense que no puede permitirse donar 250 euros al año, pero cuando lo traducimos a unos 21 euros al mes y tenemos en cuenta la posterior deducción fiscal, el coste efectivo acaba siendo de unos 4 euros al mes. Eso cambia bastante la percepción.
En el País Vasco la fiscalidad es diferente. En Bizkaia, por ejemplo, los donativos que cumplen los requisitos del régimen de mecenazgo pueden dar derecho a una deducción del 30 %, con los límites establecidos por la normativa foral. Así, una donación de 500 euros supondría una deducción de 150 euros en la declaración de la renta, por lo que el coste efectivo para el donante sería de 350 euros.
Por supuesto, esto no significa que Hacienda esté “donando” exactamente ese dinero a la organización. La entidad recibe los 500 euros íntegros y nosotros recuperamos posteriormente una parte mediante la deducción fiscal. Pero desde el punto de vista del impacto que conseguimos por cada euro que realmente nos cuesta, la diferencia es importante.
Al final, aquí se juntan dos ideas que me parecen especialmente interesantes: intentar que cada euro donado sea lo más efectivo posible y, además, aprovechar las ventajas fiscales para que el coste real de conseguir ese impacto sea todavía menor.
🙋 ¿Qué voy a hacer yo?
Al final, después de darle tantas vueltas, creo que la pregunta que me quiero hacer no es simplemente “¿cuánto dinero quiero donar?”, sino “¿qué impacto puedo conseguir con el dinero que estoy dispuesto a dedicar a ello?”
Cuando invierto, intento sacar el máximo partido posible a mi dinero. Analizo empresas, resultados, valoración, riesgos… y busco oportunidades en las que creo que cada euro tiene capacidad para generar un buen retorno. Con las donaciones quiero aplicar una lógica parecida, aunque el objetivo sea completamente diferente: no busco que mis 100 euros se conviertan en 120, sino que esos 100 euros consigan hacer el mayor bien posible.
Y eso es precisamente lo que me ha convencido de este enfoque. No necesito decidir qué causa me emociona más ni qué ONG me parece más atractiva. Puedo simplemente intentar que el dinero que decida donar llegue allí donde pueda conseguir el mayor impacto.
Por eso, a partir de ahora, una pequeña parte de lo que antes destinaba únicamente a intentar aumentar mi patrimonio irá también destinada a intentar mejorar, aunque sea un poco, el de otras personas.
Porque quizá la libertad financiera no consista únicamente en conseguir suficiente dinero para poder vivir como queremos. Quizá también consista en alcanzar la suficiente libertad como para poder decidir qué hacemos con una parte de ese dinero y qué impacto queremos dejar con él.
Y, en mi caso, creo que intentar que una pequeña parte de lo que he conseguido acumular sirva para aliviar el sufrimiento de otras personas es una inversión que merece la pena.
Una inversión sin rentabilidad financiera, pero con otro tipo de retorno.
Una inversión en impacto. Una inversión en bienestar.
Y si para conseguirlo tengo que retrasar unos meses mi objetivo de alcanzar la libertad financiera, creo que merece la pena. Prefiero renunciar a algunos cafés, algunas cervezas o a pequeños gastos de los que probablemente ni me acuerde dentro de unos años, y destinar ese dinero a algo que pueda tener un impacto positivo en la vida de otras personas.
Al fin y al cabo, si estoy intentando conseguir la libertad financiera para poder decidir libremente qué hacer con mi dinero, también quiero poder decidir que una pequeña parte de él se utilice para ayudar a otros.
🤝 Cómo donar a través de Ayuda Efectiva
Donar a través de Ayuda Efectiva es bastante sencillo y se puede hacer en apenas unos minutos desde su página web, a través de la sección de donar. Desde ahí podemos elegir tanto destinar nuestra aportación a un proyecto concreto como donar al Fondo Salud Global, que es la opción que he explicado anteriormente y que actualmente consideran la alternativa más efectiva para maximizar el impacto de las donaciones. También podemos elegir entre hacer una donación puntual o establecer una donación recurrente, por ejemplo, mensual.
El proceso es muy simple: basta con introducir los datos del donante, elegir la cantidad que queremos aportar y seleccionar el método de pago. Los datos personales son importantes porque permiten a Ayuda Efectiva comunicar la donación a Hacienda, de manera que posteriormente pueda aparecer registrada en nuestros datos fiscales a la hora de hacer la declaración de la renta.
Además, hay otro detalle que me parece interesante: el dinero que donamos a los proyectos se destina íntegramente a ellos y Ayuda Efectiva no se queda con una parte de esa donación para financiarse. Si el donante quiere contribuir también al funcionamiento de la propia organización, existe la posibilidad de hacer una aportación específica para ello. Es decir, podemos decidir que el 100 % de nuestra donación se destine directamente a los proyectos seleccionados.
En mi caso, precisamente por eso, me parece especialmente cómodo establecer una cantidad mensual y olvidarme de ello: una pequeña aportación que se canaliza hacia los proyectos que, en cada momento, se consideran más efectivos y que, además, queda registrada para poder aplicar la correspondiente deducción fiscal.
Y así es como he decidido incorporar una pequeña “inversión” más a mi vida.
No una inversión en acciones, bonos o fondos.
Una inversión en intentar que una pequeña parte de mi dinero consiga el mayor impacto posible.
🎙️ Versión podcast
Dejo aquí el enlace al resumen de esta entrada en formato podcast: