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Ayer a la mañana volví a subir al Mugarra desde Mañaria, y durante el trayecto se me ocurrió que podía ser una gran idea redactar esta pequeña guía para el blog. La idea es ir poniendo a lo largo de la entrada varias fotos del trayecto: la gran mayoría son mías, aunque reconozco que alguna que otra está «robada» de fuentes externas para completar los puntos clave. No son las fotos más profesionales del mundo, pero creo que tal vez puedan servir de ayuda visual en algunas bifurcaciones o tramos donde uno suele dudar. De hecho, la próxima vez que suba actualizaré las imágenes si consigo capturar instantáneas que aclaren mejor el camino o que me parezcan más bonitas.
A estas alturas, el Mugarra (964 m) es uno de esos montes a los que ya he subido unas cuantas veces saliendo desde Mañaria, pero cada visita tiene su miga. Es una de las cimas más emblemáticas del Duranguesado: un perfil inconfundible, una mole caliza imponente vigilada por buitres leonados y una subida que no regala nada, perfecta para hacernos sudar y poner a prueba los gemelos desde el primer minuto.
Si te apetece hacer esta clásica ruta, te cuento paso a paso cómo afrontarla sin perderte y qué debes tener en cuenta.
Datos técnicos de la ruta
- Punto de inicio: Aparcamiento gratuito en Mañaria (junto al asador o cerca del parque infantil).
- Distancia total: Unos 9 kilómetros (ida y vuelta).
- Desnivel y Dificultad: Media-Alta. Es una pendiente constante y exigente, con un tramo final técnico en terreno kárstico.
- Tiempo estimado: Unas tres horas en total (alrededor de 2h de subida y 1h de bajada)
Paso a paso del recorrido
Del pueblo al inicio de la pista
Dejamos el coche en alguno de los aparcamientos gratuitos situados a mano derecha nada más llegar a Mañaria (si estuvieran llenos, hay otra zona de estacionamiento más adelante, casi a la salida del pueblo, a mano izquierda).
Desde el parking, nos dirigimos hacia la plaza del pueblo y la cruzamos hasta llegar al pequeño riachuelo que atraviesa Mañaria.

Tendremos que cruzar el río por un puente de madera y enseguida veremos un panel informativo y un cartel que marca la dirección hacia el Mugarra.

El tramo de asfalto y la pista forestal
Esta primera parte quizá sea la menos atractiva o interesante del recorrido en comparación con la segunda mitad, ya que aunque el paraje es bonito, tenemos que avanzar unos tres kilómetros por asfalto y pista forestal. Comenzamos ascendiendo por una carretera asfaltada que pica para arriba sin tregua y nos hace entrar en calor rápidamente. Al fondo ya podemos ver el Mugarra, aunque todavía nos quede un buen rato para llegar a su cima.

A un kilómetro escaso, una señal nos indica que debemos abandonar el asfalto para girar a la derecha y tomar una pista de cemento en muy buen estado.

Si cogemos el camino de la derecha, a unos metros nos encontraremos con otra bifurcación, y deberemos tomar el camino de la izquierda.

Al escoger el camino de la izquierda, nos encontraremos con una valla que en ocasiones suele estar abierta y otras veces deberemos sortear pasando por su derecha.

A partir de aquí, el camino no tiene pérdida: avanzamos de manera constante por la pista durante un par de kilómetros, rodeados de pinos.

Poco a poco, iremos viendo asomar el imponente macizo del Mugarra.

Es un tramo exigente para los gemelos, de unos dos kilómetros de recorrido, aunque compensado por algún respiro puntual que permite recuperar el aliento. Un poco más adelante nos encontraremos con otra valla que habrá que sortear por su izquierda.

Y ya podemos vernos frente a frente con el impactante Mugarra, al que llegaremos en alrededor de media hora. En mi opinión, dejamos atrás la sección menos atractiva para adentrarnos de lleno en la parte más bonita e interesante de la ruta, con el macizo siempre a la vista mientras disfrutamos del vuelo de los buitres y de las vacas y caballos pastando en libertad.

A medida que nos acercamos al Collado de Mugarrikolanda, el paisaje se vuelve todavía más espectacular. A ambos lados del camino se abren estampas preciosas de caballos, vacas y ovejas pastando con total tranquilidad, mientras en el cielo es habitual ver buitres leonados planeando. Todo ello acompañados en todo momento por la imponente pared prácticamente vertical del Mugarra a nuestra derecha.
El Collado de Mugarrikolanda
La pista nos conduce finalmente hasta un pequeño collado, la zona de Mugarrikolanda. Se trata de un paraje de hierba intensamente verde que, al estar frecuentado por caballos y vacas pastando a sus anchas, adquiere un encanto especial. De hecho, es mi zona favorita de la ascensión.

Allí nos encontraremos con un poste indicativo fundamental: a nuestra izquierda quedan los montes Leungane y Artzetagan, y a nuestra derecha una señal nos marca que el Mugarra está a solo 0,7 km. Hacemos caso al cartel y abandonamos la pista para empezar a subir por la campa hacia el imponente macizo.

El tramo final: Terreno kárstico y la aproximación a la cima
Comenzamos a subir por una campa de hierba con mayor pendiente hasta encontrar un cercado abierto que debemos cruzar. Es aquí donde la ruta cambia de tercio y se vuelve más técnica: este tramo posterior al collado es algo más complejo, por lo que resulta más fácil despistarse o no atinar con el camino más directo o sencillo.

Nos adentramos en un terreno de rocas (kárstico) donde debemos prestar mucha atención: hay que buscar unos hitos de piedra y unas marcas rojas en las rocas (que a veces están algo desgastadas) para no desviarnos. Yo, personalmente, también suelo guiarme fijándome en unos cuantos árboles singulares que me sirven de referencia.

⚠️ Precaución extra: Este tramo final es el que requiere más cuidado técnico. Si el día está lluvioso o la roca está mojada, es muy fácil resbalarse y darse una buena culada. Si hay niebla o visibilidad reducida, llevar el track GPS es de gran ayuda para no desorientarse.
¿Y qué pasa con el vértigo y la cresta?
Personalmente, me considero una persona con bastante miedo a los precipicios y con vértigo, por lo que te aseguro que este monte se puede hacer perfectamente.
Para llegar a la cumbre no hace falta ir obligatoriamente por la misma cresta. Siempre se puede avanzar por la vertiente contraria al barranco, a unos metros por debajo de la cresta, por un trazado que no entraña peligro. De este modo, te alejas de los abismos, evitas el vértigo y puedes alcanzar la cima con total tranquilidad y seguridad. Lo único que nos puede pasar si nos despistamos es llevarnos un pequeño susto o darnos una culada si resbalamos, especialmente si el terreno está mojado.
La Cima (964 m)
Tras avanzar un buen tramo en paralelo a la cresta (o directamente por ella, si no tenéis vértigo), alcanzamos el buzón del Mugarra.

Si continuamos por la cresta dejando atrás el buzón —algo que en alguna ocasión he visto hacer a otros mendizales—, el camino sigue hacia el Leungane, aunque de momento prefiero dejarlo para otra aventura. Así que lo mejor es descansar un rato, reponer fuerzas comiendo algo mientras contemplamos el paisaje y emprender el camino de regreso hacia Mañaria.
Las vistas desde arriba son sencillamente espectaculares: una panorámica brutal del Untzillaitz, la cresta del Anboto, el Gorbea, el Oiz, el Udalaitz y mucho más. Además, en los días despejados se divisa perfectamente el Gran Bilbao con su área metropolitana, e incluso el Abra y el mar Cantábrico. Para la próxima excursión no dudo en meter unos prismáticos en la mochila para detallar mejor el horizonte desde las alturas.

El descenso
Para bajar, deshacemos el camino andado. Si tenemos vértigo, tal y como hemos subido, evitaremos ir exactamente por la cresta, bordeándola unos metros en paralelo antes de iniciar el descenso progresivo hacia el collado. Conviene extremar la precaución al destrepar por el tramo rocoso: si subiendo ya es fácil llevarse un susto, bajando la pendiente exige todavía más atención para evitar resbalones y culadas innecesarias. Además, la piedra caliza y la fuerte inclinación castigan bastante las rodillas y los tobillos, por lo que conviene tomárselo con calma para no cargar las articulaciones.
Aprovechamos para hacer alguna parada estratégica, mirar atrás y disfrutar del paisaje. Una vez que alcanzamos de nuevo la pista ancha del collado, el regreso hasta el coche en Mañaria se convierte en un paseo relajado y muy cómodo. Eso sí, al tratarse de una bajada tan pendiente y constante, las agujetas del día siguiente y la paliza en las piernas se encargarán de recordarte el esfuerzo.

¡Buen camino y espero que estas fotos y apuntes os sirvan de ayuda si os animáis a subir!